Las malas lenguas dicen que después de New Orleans, Saint Louis tiene la fiesta de Mardi Gras (Carnaval) más grande del país. Y aunque la ciudad no tiene fuertes tradiciones católicas, la celebración parece cobrar fuerza cada año en el barrio bohemio de Soulard, cerca de downtown.
Como febrero se caracteriza por sus bajas temperaturas, la idea de pasarme la tarde coleccionando collares al aire libre nunca me hizo mucho gracia. Este año, sin embargo, se combinaron un invierno excepcionalmente venébolo con el entusiasmo de un par de amigos que querían fotografiar el desfile, así que sin ofrecer demasiada resistencia me encaminé hacia downtown con mi cámara.
Si hay algo que disfruto de estos "eventos" es la fantasía (?) de que por unas horas se rompen las estructuras que segregan a los diferentes grupos de la ciudad. La gente se saluda, se amontona, se ríe, se roza (no sean malpensados, che) y se abraza sin preocuparse demasiado en saber quién es su vecino. Durante esas horas, sólo interesa tomarse una cerveza y marcharse a casa con la mayor colección de collares que puedan atrapar en el aire.










































