y música y flores y brisa fresca... así se me voló el domingo en el Festival Japonés organizado en el
Jardín Botánico de Missouri. Aunque amaneció lluvioso, se comenzó a despejar justo después del mediodía. La luz y la temperatura no podían mejorar las condiciones para sacar fotos, la ocasión ideal para probar la nueva cámara.
El Botánico es un lugar alucinante en cualquier época del año. Todavía recuerdo mi fascinación al descubrirlo escondido en el midtown de St. Louis. Hay infinitos espacios diferentes: jardines de rosas dignos del país de las maravillas, invernaderos con orquídeas exóticas, parques de inspiración persa y un jardín japonés que hasta ostenta un lago con peces koi.

El Festival Japonés es uno de los más grandes y antiguos del país. Tiene una estética impecable que lo hace irresistible para cualquiera que disfrute del diseño y la fotografía. Kimonos de seda, sombrillas de papel pintadas a mano y cerámica raku son algunos ejemplos de lo que se puede ver cada año.
El espectáculo de taiko o tambores japoneses es uno de mis favoritos. A pesar de que sus orígenes son guerreros, es uno de los estilos de música japonesa más antiguos. Sus sonidos son tan intensos y energizantes que aún en pleno siglo XXI logran evocar el espíritu de batallas ancestrales.
Mientras escribía este post no pude dejar de pensar en la mirada especial de mi querida
Georgina Matich y en cuanto disfrutaría de un lugar así. Por eso estas fotos van dedicadas a vos, Georgi. Espero que te traigan un poquito de belleza en estos días grises...